martes, 23 de septiembre de 2014

MI HERMANA SARA IMELDA.











Un día como hoy,  en el año de 1975, nos abandonaste, te fuiste a formar parte de los ángeles que se encuentran en el cielo cuidando a su familia, seguro te encontraste con mi papá,  quien se fue solo tres meses antes que tú.

Y que estando en el hospital, te visitaba todas las noches, tal como le dijiste a mi mamá.

La verdad me dolió mucho tu partida.   Apenas días antes, Ana y yo habíamos ido a visitarte.

Desde pequeña eras "tlemenda" como tú misma decías, eras de un carácter por demás alegre y dicharachero, recuerdo  nuchas anécdotas a lo largo de tu vida.

Como el día aquel que la vecina le pidió la plancha por enésima vez a mi mamá.  Y tantas otras.

Siendo mayor que tú varios años, durante nuestro crecimiento  no tuvimos mucho contacto, pero con el pasar de los años nos hicimos muy amigas, seguido iban a la casa a cenar, a jugar, a platicar.  

Recuerdo cuando nos fuimos de vacaciones a Chachalacas, nos divertimos de lo lindo.  Fue un paseo inolvidable.

Recuerdo las cartas que me escribías... siempre bromeando, como aquella vez que me escribiste diciendo que en Torreón  hacía tanto calor, que los  burros, caballos y hasta los bueyes se estaban muriendo... pero hiciste la aclaración... "por eso ya escondí  a mi marido".  Tenías cada ocurrencia. 

 Francisco y yo recordamos también que cuando Ramón quería contar un chiste, pero tenía malas palabras, te decía... ándale, cuéntales tal cuento.. y tú ni tarda ni perezosa lo contabas tal cual y Ramón muerto de risa.

Nos la pasábamos muy contentos cuando los visitábamos.  Días inolvidables.

Pero aquel día cuando te fuiste,  Te dije... no te digo adios  porque se que pronto nos volveremos a ver.

 Será un hasta luego querida hermana.